El 1 de octubre de 2020 y la continuación del adoctrinamiento político en el independentismo

Sobre el adoctrinamiento político independentista del alumnado
Un profesor de enseñanza secundaria

La utilización de los edificios públicos para fomentar ideas políticas partidistas o en contra de la legalidad vigente es reprochable política y moralmente, y hasta legalmente, ya que puede suponer un delito de incitación al odio, ya sea la fachada de la Generalitat o un centro escolar. Si esta utilización de los edificios públicos se realiza en periodo electoral, puede constituir un delito de desobediencia, como así ocurrió con la utilización de carteles, pancartas y pasquines a modo de recordatorio de una fecha como el 1 de octubre de 2017, exhibiendo consignas y mentiras. Todo ello, sin duda, es apología para subvertir el orden constitucional y una maniobra de fascismo clásico, asimilando a título partidista lo que corresponde a todos.

El 1 de octubre de 2017 los líderes separatistas lanzaron a miles de personas a cometer un acto delictivo, pues la votación estuvo precedida de innumerables prohibiciones judiciales. Pero aquello no era más que parte de un plan para subvertir el orden constitucional y proclamar, como así fue, la república catalana. Por supuesto que no hubo un referéndum con las mínimas garantías legales ni homologables a los celebrados en otros países con democracias consolidadas, y sí un acto de irresponsabilidad colocando a las personas frente a lo que pudiera pasar y pasó.

La intervención policial tuvo lugar de manera desigual, teniendo en cuenta que la actuación de la policía autonómica catalana ha sido objeto de procedimientos judiciales en la medida que no acataron las órdenes e instrucciones emitidas por el mando único, haciendo la vista gorda o favoreciendo la votación. Dada la negativa a entregar las urnas, la policía nacional y la guardia civil tuvo que enfrentarse a masas de ciudadanos que impidieron su cometido.

El nacional-separatismo lo ha falsificado todo, desde la supuesta bandera, que corresponde a los reyes de Aragón, hasta sus héroes más emblemáticos, sea el caso de Casanovas o Villarroel, hasta el relato de lo que ocurrió el 1 de octubre.

Para cumplir sus fines se vale de la manipulación constante, mediante sus medios de comunicación, de una población que la mayoría de las veces es indiferente respecto al resto de sus conciudadanos. Y, dentro de sus planes, es capaz de apoyar que en un instituto se cuelgue una infame pancarta sobre lo que sucedió en él, el 1 de octubre de 2017, aumentando más el odio al resto de España. ¿Hasta cuándo se permitirá que estas personas sigan envenenando la sociedad, la educación y la política?

Un profesor de enseñanza secundaria