Evaluar o regalar
Román Langosto
12/02/2019

Evaluar o regalar
Román Langosto

Sociedades libres. 12/02/2019

 

En algunos países de Europa, cautos y seguros de que los decimales no acababan de resolver los problemas de la evaluación de los alumnos, dado que el redondeo siempre ha sido práctica más que habitual, han decidido usar únicamente números enteros. Naturalmente, la decena no recogía completamente la diversidad que aparece cuando se tiene que computar los resultados de los exámenes y más después de la decisión que cito en estas primeras líneas. Solución: ampliar las opciones hasta 20, ponderando cuando convenga la nota. Así, un 10 es un 5 y un 16 equivale a un 8. Se han eliminado los decimales y la tentación del redondeo, e informáticamente resulta fácil y hasta elegante.

En Cataluña, en la Cataluña de la inmersión, en el sistema educativo de esa Cataluña del mangoneo separatista, de la manipulación histórica, del adoctrinamiento sin velo y de la discriminación, también, por si fuera poco, se sufre la asfixiante presencia en reuniones y evaluaciones de unos psicopedagogos que, al socaire de atender la diversidad, sofocan e imponen opiniones en muchas ocasiones en contra de lo argumentado por los profesores reunidos en junta.

De semejante ambiente ha surgido la última necedad que, más que evaluar, consigue devaluar definitivamente lo que en buena medida ya era desastroso.

Vamos a ver. A iniciativa de los citados y dada la tácita connivencia de muchos otros, se ha eliminado de un plumazo cualquier sombra de guarismo en la evaluación de los estudiantes, con lo que la laxitud se ha apoderado definitivamente del sistema. En consecuencia, los números se han sustituido por cláusulas encabezadas por dos letras que siempre aparecen abreviadas, quedando del siguiente modo:

NA: no assoleix / no alcanza
AS: assoleix suficientment / alcanza con suficiencia
AN: assoleix notablement / alcanza con notable
AE: assoleix excelentment / alcanza con excelente

Tal aberrante sistema esconde varios problemas:

1. El verbo catalán assolir es de difícil traducción al español, motivo por el que ha sido propuesto para tal función, a fin y efecto de distinguir, diferenciar y hasta convertir las evaluaciones en algo incomprensible para cualquiera que no sea catalán.

2. Y asunto de mayor enjundia: NA recoge cualquier resultado entre el 0 y el 4,99. El AS guarda del 5 al 6,99. El AN, del 7 al 8,99, y el AE, del 9 al 10.

Todo este asunto esconde la absoluta necesidad que el sistema educativo catalán tiene de demostrar su pertinencia y su éxito. La laxitud en las notas, el más o menos, amaga la profunda realidad en la que se encuentra: sin motivación, sin soluciones, con la terrible carga de miles de alumnos con un título fantasma que no soporta la equiparación con cualquier otro, no ya del resto de España, sino de Europa, mientras las autoridades autonómicas se niegan a cualquier prueba externa proveniente del ministerio porque dejaría en evidencia todo el sistema, desde la inmersión hasta el aberrante modelo de evaluación o la pasmosa presencia de psicopedagogos.

Tal sistema presenta la elocuente particularidad de matar de un plumazo cualquier sombra de esfuerzo. Un 0 es lo mismo, a todos los efectos, que un 4,5. Un aprobado raspado igual que un 6,5. Un 7 y un 8, lo mismo. Y un 9 igual que un 10.

A escasos meses de haberse convertido este sistema canalla en general y habiendo transcurrido tan solo una evaluación, resulta imposible convencer a los alumnos para que con un poco de esfuerzo pasen del 5 al 6, o del 7 al 8. Y aquellos que simplemente han abandonado sus obligaciones y merecen un 0, obtienen la misma nota que quienes, a pesar de su trabajo, alcanzan nada más un cuatro.

Terrible sistema que además de igualar a todos por abajo y negar cualquier tipo de estímulo, desinforma a los padres, hurtándoles datos que sin duda son esenciales.

¿Qué hacer? Mientras las autoridades educativas en Cataluña sean las que son y no haya cambios radicales, los alumnos catalanes serán cada día más manipulables en lo político y más vulnerables en lo laboral, pues gente con una formación tan devaluada, a pesar de que pueda ostentar títulos no falsos, pues no lo son, sino inútiles, serán fácil pasto del paro o de trabajos precarios.

¿Soluciones? De forma inmediata, unas pruebas externas no manipuladas dependientes del Estado pondrían en jaque tal sistema educativo, alejando al menos temporalmente la horrible sombra del regalo educativo, lo que equivale al descrédito.

Barcelona, 12/02/2019

Román Langosto