La degradación del sistema educativo español
   

Antonio Jimeno Fernández
Presidente del sindicato de profesores AMES Publicado el 22/12/2021

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Los nuevos criterios de evaluación

El martes 16 de noviembre el Gobierno aprobó, a petición de la ministra de educación, la señora Pilar Alegría, el Real Decreto 984/2021 sobre los nuevos criterios de evaluación, promoción y titulación en la enseñanza Primaria, en la ESO, en el Bachillerato y en la Formación Profesional. Se trata del decreto más importante en la aplicación de cualquier ley educativa, ya que unos criterios de evaluación excesivamente permisivos permiten que se pueda incumplir cualquier ley de educación, sin que el Ministerio pueda hacer nada para evitarlo.

Este artículo ha sido publicado en la revista Magisterio el 22/12/2021

Entre los nuevos criterios, los más destacables son:

1. En Primaria las decisiones sobre la promoción o no de curso se adoptarán al finalizar los cursos 2º, 4º y 6º, mientras que habrá promoción automática de curso al finalizar los cursos 1º, 3º y 5º.

2. En la ESO se tendrá derecho a obtener el título de la ESO independientemente del número de materias no superadas, si así lo consideran oportuno los profesores.

3. Sólo se podrá repetir curso dos veces en toda la enseñanza obligatoria, que son 10 cursos (6 de Primaria + 4 de ESO).

4. En Bachillerato se tendrá derecho a obtener el título aunque se tenga una materia no superada.

5. Se suprimen las convocatorias extraordinarias de recuperación que generalmente se hacen en septiembre o a finales de junio, salvo en 1º de Bachillerato.

Las consecuencias de los nuevos criterios

A continuación se comenta las consecuencias que los criterios antes citados van a comportar en el día a día de los alumnos y profesores.

Que en 1º, 3º y 5º de Primaria haya promoción automática de curso comportará que en dichos cursos no habrá posibilidad de discutir sobre la conveniencia o no de que el alumno repita curso. Así, si un alumno, por la razón que sea, no ha aprendido lo que en dichos cursos se enseña, pasará al siguiente curso con unos déficits que, tal vez, le impidan aprovechar lo que en él se enseña. Por otro lado, disminuirá el interés del profesorado en impartir todos los temas y en alcanzar los niveles establecidos en 1º, 3º y 5º de Primaria, ya que, sepan lo que sepan los alumnos, todos pasarán al curso siguiente.

Que al final de la ESO el alumno pueda obtener el título, aunque le hayan quedado varias materias no superadas, sin límite de su número, va a comportar que bastantes alumnos abandonen las materias que les resulten más difíciles de aprender, dado que ya no son indispensables para aprobar la ESO, si sus profesores están dispuestos a aplicar este criterio. Se podría pensar que los profesores no van a dar el título de la ESO a quienes no hayan llegado a los mínimos establecidos, pero la realidad es que los profesores se verán obligados a hacerlo, aunque no quieran, por dos motivos. El primero es porque como la ley lo permite hacer, muchos alumnos y muchos padres, sabedores de que lo pueden hacer, irán a reclamarles que lo hagan. El segundo motivo es porque si en un centro educativo se suspende más alumnos que en los centros próximos, a los pocos años se quedarían sin suficientes alumnos para continuar, tendrían que cerrar y sus profesores se quedarían sin trabajo.

Que solo se pueda repetir curso dos veces en toda la enseñanza obligatoria, significa que solo se puede repetir una vez en Primaria y otra vez en la ESO. Esto comportará que si un alumno ya ha repetido una vez en Primaria, pasa a la ESO y suspende el 1º de ESO, al repetirlo, ya desde el primer día de clase, ese alumno, de solo 13 años, sabrá que haga lo que haga en los cuatro cursos de ESO, él siempre va a pasar al siguiente curso, porque ya no puede volver a repetir. Evidentemente este alumno no se va a esforzar en aprender y así va a perder los años más importantes de su vida para adquirir los conocimientos básicos que toda persona necesita, y tampoco va a adquirir hábitos de trabajo. Es por este erróneo planteamiento por lo que la repetición de curso no ha servido para mejorar. La repetición de curso sí serviría, y mucho, si en la ESO el no aprovecharla comportará tener que cambiar de itinerario académico.

Que en el Bachillerato se tenga derecho a obtener el título con una materia no superada, comportará que muchos alumnos abandonen la materia que más les cuesta ya desde el primer día de clase, y no solo en el segundo curso de Bachillerato, sino desde el primer curso de Bachillerato. Esto implicará tener en las clases de esa materia a alumnos que no están atentos, que no trabajan, que faltan con frecuencia, que presentan los exámenes en blanco, que pueden convertirse en alumnos conflictivos, etc. Todo esto podrá suceder porque los alumnos saben que si aprueban todas las demás materias y llegan a un 5 de media, por ley tienen derecho a obtener el título de Bachillerato. Es absurdo que el profesorado tenga la obligación de intentar enseñar una materia a unos alumnos a los que la ley les permite no tener que aprenderla.

Que se eliminen las convocatorias extraordinarias de recuperación, las que generalmente se hacen en septiembre o a finales de junio, va a perjudicar a aquellos alumnos que tienen un ritmo de aprendizaje más lento, porque al no existir dichos exámenes en septiembre, no se van a sentir estimulados a estudiar durante los dos meses de verano y, debido a ello, poder alcanzar los niveles establecidos. Al no existir estas convocatorias van a pasar al curso siguiente con los déficits del curso anterior. Por otro lado, la eliminación de los exámenes de septiembre también va a perjudicar a los alumnos que, por los motivos que sean, no han estudiado lo suficiente para aprobar, dado que ya no van a constatar que el no haberlo hecho les ha comportado tener que hacer unas tareas durante el verano y prepararse para un examen el mes de septiembre. Se pierde así el poder educador de aprender la relación entre lo que se hace y sus consecuencias.

Los motivos de estos nuevos criterios de evaluación

Los principales motivos por los que el Gobierno ha rebajado la exigencia para promocionar de curso y para obtener los títulos de ESO y de Bachillerato son:

1. Aparentar que se acaba con el fracaso escolar. España tiene un elevado porcentaje de alumnos que repiten curso y también de personas que abandonan los estudios postobligatorios. Según el informe PISA de 2018, España tiene un 28,7% de alumnos de 15 años que han repetido algún curso, siendo por ello el tercer país de Europa con más alumnos repetidores, después de Luxemburgo (32,2%) y de Bélgica (30,8%). En cuanto al abandono escolar, medido como el porcentaje de personas de 18 a 24 años que no han acabado ni la FP de Grado Medio, ni la FP Básica, ni el Bachillerato, ni han seguido algún otro tipo de formación, en 2020 España tenía un 16%, mientras que la media europea era del 10,2%.

Dado que con los nuevos "criterios de evaluación" va a ser mucho más fácil promocionar de curso y obtener los títulos, va a disminuir el porcentaje de repetidores y se va a reducir significativamente el abandono escolar, ya que muchos alumnos van a continuar dentro del sistema, dado que ha disminuido la exigencia, no para adquirir más conocimientos sino simplemente para recibir más títulos. En conclusión, los nuevos "criterios de evaluación" van a permitir que España quede muy bien ante la UE, aunque en realidad no se haya mejorado en nada. Esto es posible porque la UE no comprueba la veracidad de los datos académicos que aportan los Estados. De hecho, el que la UE pida unas mejoras avisando que no las va a comprobar, es una clara incitación a que los Estados hagan trampas con sus datos.

Lo que se debería hacer para disminuir, de verdad, la repetición de curso y el abandono escolar, es adecuar el sistema educativo a las diferentes capacidades e intereses del alumnado, estableciendo varios caminos para que cada alumno pueda escoger aquel en el que sí puede alcanzar éxito académico. Todo lo contrario de lo que se hace ahora, que es obligar a todos los alumnos a estudiar lo mismo hasta los 16 años, o hasta los 18 años si son repetidores. Como eso es imposible, porque a esas edades las capacidades e intereses son muy diferentes, se rebajan los niveles para poder aprobarlos a todos. Así, casi todos los alumnos obtienen el título único y sin calificación de la ESO, pero no los conocimientos, por lo que muchos de ellos abandonan el sistema educativo sin apenas formación académica.

2. Eliminar el elevado coste de las repeticiones de curso. Un alumno que quiera ir a la Universidad previamente debe estar escolarizado 12 años (6 en Primaria, 4 en ESO y 2 en Bachillerato). La realidad es que en conjunto están más años, dado que muchos han tenido que repetir algún curso. En 2006 la media de escolarización preuniversitaria fue de 13,4 años y en 2019 de 14,3 años. Esto quiere decir que el Estado tuvo que pagarles 2 o 3 años más de escolarización. Un gasto que ahora el Estado pretende ahorrarse favoreciendo la promoción de curso con materias no superadas y prohibiendo el número de repeticiones. Evidentemente esta no es la solución, porque promocionar según la edad y no en función de los conocimientos, se puede hacer en otros sectores pero no en la enseñanza. De hecho, los motivos económicos son los que están detrás de que en la ESO no haya itinerarios académicos diferenciados según las capacidades de los alumnos, con la excusa de la no segregación escolar, y también están detrás del cierre de muchos centros de educación especial, con la excusa de que socialmente es preferible la enseñanza inclusiva.

La posibilidad de repetir curso no es mala sino buena, porque puede ser que en un determinado año suceda algo en el entorno del alumno que le haya dificultado estudiar, o porque aquel año simplemente no haya estudiado, o porque, que es la razón más frecuente, a algunos alumnos les cuesta más aprender que a sus compañeros. Para estos últimos y a partir de cierta edad, la solución buena es ofrecerles varios itinerarios académicos de diferente dificultad. Es admisible que el Ministerio quiera pasar del 28,7% de alumnos de 15 años que han repetido algún curso, según PISA 2018, a, por ejemplo, el 19,6 % que tiene Alemania, pero no estableciendo dos repeticiones como máximo, sino estableciendo itinerarios de diferente dificultad.

3. Contentar a los partidos nacionalistas. La eliminación de las evaluaciones finales de ESO que estaban en la LOMCE, ha sido fundamental para que el Gobierno pudiera seguir contando con el apoyo de los partidos nacionalistas (ERC, JxCat, PNV y Bildu). Esta eliminación es un grave error para la enseñanza y también para la continuidad de nuestra nación, ya que estas pruebas son indispensables para conseguir que en todas las Comunidades Autónomas realmente se impartan los mismos conocimientos y para que en las Comunidades gobernadas por esos partidos, también se alcancen los niveles previstos en "Lengua y literatura castellana", la lengua común de todos, y para que se enseñe una Historia de España sin adoctrinamientos políticos secesionistas, es decir concordante con el texto de la Constitución Española.


Conclusiones y soluciones

A partir de ahora todos los alumnos, casi sin excepción, van a conseguir el título de la ESO, independientemente de que hayan alcanzado o no los conocimientos previstos. Y también va a ser muy fácil conseguir el título del Bachillerato en esas mismas condiciones.

Al eliminar la necesidad de esforzarse para promocionar de curso, se destruye la estructura del sistema educativo con sus diferentes etapas y dificultades y, con ello, se imposibilita la tarea de educar en hacer las cosas bien y en la adquisición de hábitos de trabajo.

Al no ser necesario aprender se extingue la profesión docente. A partir de ahora los maestros y los profesores pasarán a ser monitores de niños y de adolescentes respectivamente. Los centros de Primaria se convertirán en simples guarderías y los centros de Secundaria se convertirán en simples centros culturales de encuentro de adolescentes jóvenes.

Para evitar todo lo anterior la única solución es paralizar la aplicación de los nuevos criterios de evaluación e introducir urgentemente unas evaluaciones externas al final de la ESO, diseñadas, aplicadas y corregidas directamente por el Ministerio. Mientras tanto, los padres deberían pedir a los centros escolares, sean públicos o privados, que presenten a sus alumnos de cuarto curso de ESO a pruebas externas organizadas por entidades privadas, ya que el Ministerio ha renunciado a asumir sus responsabilidades, que revaliden la información dada por los centros sobre la situación académica de sus hijos.


Antonio Jimeno Fernández
Presidente del sindicato de profesores AMES

Publicado el 22/12/2021